Fase severa

En esta etapa la dependencia del paciente es total, pues éste presenta importantes problemas de movilidad, algo que dificulta su salida del hogar. Al final de esta última fase de la enfermedad, puede permanecer encamado.

La severa falta de autonomía del paciente se concreta en los siguientes síntomas:

  • Desorientación completa: El paciente parece no conocer a nadie, aunque sí percibe a su cuidador. Pierde la memoria pero no los sentimientos.
  • Pérdida del habla: Ni articula ni parece entender, aunque sí es receptivo al afecto.
  • Apatía y pasividad: No quiere realizar ninguna actividad.
  • Incontinencia.
  • Problemas para comer: Le cuesta trabajo masticar y tragar.
  • Somnolencia: Está adormecido la mayor parte del día.
  • Problemas derivados del encamamiento: Aparecen complicaciones derivadas de la inmovilidad, como atrofia muscular y rigidez.

 

Cuestiones a tener en cuenta, durante la fase avanzada, desde el punto de vista del cuidador son:

  • Es importante durante esta última fase liberar al familiar de la angustia que supone cuidar a una persona con un deterioro tan evidente, por lo que éste debe contar con un apoyo sanitario y social adecuado.
  • El cuidador principal necesita ser escuchado, por lo que debe facilitarse que hable de sus sentimientos y del temor, siempre presente, a la llegada del momento del fallecimiento.
  • Cuando el familiar se encuentre al límite de sus fuerzas físicas y psíquicas, cuenta con la posibilidad de acudir a cuidadores profesionales.
  • El resto de la familia debe apoyar las decisiones del cuidador principal en todo momento, así como implicarse en la atención al paciente.
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